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Pasiones que Consumen

 

Por Victor Antonio, Conferencista Motivacional de Ventas


conferencista motivacional de ventas victor antonioFui de compras al negocio local de electrodomésticos, donde puedes encontrar de todo, desde tostadoras parlantes hasta teléfonos que dan serenatas. Estaba buscando una nueva impresora ya que la mía había caducado.
 

Mientras compraba, me quedé sorprendido por lo grande que era el negocio y por las cosas que tenía. Sólo la sección de televisores tenía el tamaño de dos canchas de tenis, con pantallas de tamaños que iban desde 6 hasta 1.000 pulgadas (Lo acepto, estoy exagerando).
 

Después de comprar mi impresora, la tuve que retirar en la parte trasera del negocio, en donde finalizan todas las compras. Mientras estaba esperando, miraba a la gente trabajando en los elevadores, ordenando estantes altísimos y bajando grandes cantidades de electrodomésticos, mientras otros corrían de un lado al otro haciendo trabajos administrativos para entregar los pedidos pendientes. La coordinación era increíble; era como mirar un “ballet”.
 

Cuando los empleados del negocio terminaban con los pedidos, llamaban a los compradores. Los compradores levantaban la mano y señalaban sus automóviles para indicar dónde querían que pusieran sus mercaderías.
 

Mientras esperaba, observé que había gente que compraba enormes aparatos electrónicos, la mayoría eran televisores con pantallas de plasma gigantes o grandes equipos de audio para lograr un sonido envolvente mientras miras televisión.
 

Viendo a los empleados del negocio llevar las mercaderías a los automóviles, también me di cuenta de que en muchos casos el nuevo televisor o equipo de audio eran más importantes que el automóvil que los transportaría a casa. Sé que no podemos juzgar el bienestar financiero de algunas personas por el automóvil que conducen o la ropa con la que se visten, pero eso puede dar ciertas pistas. Por ejemplo, un hombre manejaba un automóvil que parecía tener unos 20 años y que echaba humo cuando trataba de acelerar soportando el peso de un televisor de plasma de 60 pulgadas que llevaba en el maletero. En este panorama, algo andaba mal.
 

El ciudadano norteamericano promedio tiene una deuda en la tarjeta de crédito que va desde los $3.000 hasta los $5.000 (que no incluye el automóvil ni los impuestos de la casa). Algunos estudios demuestran que los ahorros de un individuo son inferiores al 1% del salario anual. Otro estudio muestra que el 50% de los norteamericanos no podrían sobrevivir por más de tres meses sin ningún tipo de servicio social si estuvieran suspendidos o fueran despedidos. Esa cantidad se eleva al 70% si estuvieran desempleados por seis meses o más.
 

Mientras estaba allí y observaba a los empleados cargando los automóviles y camionetas con mercaderías tan caras, no podía evitar reflexionar sobre la deuda del consumidor y nuestra obsesión con la posesión (mi nueva rima).
 

Los norteamericanos sienten pasión por el consumo. Nos gusta comprar cosas. Sí, nos gusta comprar un montón de cosas para llenar nuestras casas de las comodidades que este gran sistema llamado capitalismo tiene para ofrecernos. Pero tiene que haber un límite de racionalidad, un límite donde tenemos que dejar de lado el consumo y darnos cuenta de que tener más no es lo mejor.

¿Tener más significa tener menos?
Parece que todas las semanas mi vecino se compra algo nuevo. No hablo de televisores, equipos de audio o cosas así. Hablo de motocicletas, lanchas, motos, etc. Él maneja su propia compañía y es muy exitoso. En este caso, él tiene el dinero y los recursos para pagar sus pasiones.
 

El otro día tuvimos una conversación acerca de tener tiempo para disfrutar de la vida. Durante la conversación, mi vecino me confesó que, a pesar de tener todas estas cosas, no tenía tiempo para disfrutarlas. De hecho, había estado trabajando tanto, que su esposa se quejaba de que no pasaba suficiente tiempo en su casa. Y como su esposa no era feliz, disfrutar de sus cosas se le hacía más difícil, especialmente cuando les quitaba tiempo para estar con su familia. Mi vecino llegó a la conclusión que tener más significa tener menos.

Aquí tenemos los dos extremos. Están los que no tienen recursos (dinero) y lo gastan como si lo tuvieran. Y después están los que sí tienen medios económicos pero sacrifican demasiado para tenerlos; ambos sienten pasión por el consumo.
 

En el caso de aquellos que no tienen recursos financieros, sus deudas van a seguir aumentando y amortizarlas se les hará cada vez más difícil. No podrán concentrarse en “posibilidades” o sueños de tener éxito porque estarán muy concentrados en pagar la cuenta de la tarjeta de crédito del mes siguiente.
 

En el caso de mi vecino, él nos demuestra que tener dinero no garantiza la felicidad. No aprendió que el éxito implica moderación, no exceso de consumo. Menos es más. ¿Te suena familiar?
 

No te dejes consumir por la pasión por el consumo o esa misma pasión consumirá tu bienestar financiero y tu felicidad personal.
 

 

Por favor de compartir este mensaje con un amigo que necesita unas palabras de inspiración.

 

 

 

Víctor Antonio, Conferencista Motivacional de Ventas en Atlanta, Georgia GA © 2007, TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida de ninguna forma o por cualquier medio, mecánico o electrónico, incluyendo fotocopias y grabados, o por ningún tipo de sistema de archivo y recuperación, sin el permiso escrito del autor o del editor.  Contácte a Víctor Antonio. info@victorantonio.com.

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